El año que entra será políticamente complicado, por muchas razones: varias ya conocidas, otras aún no. Lo que sí sabemos es que va a ser un año de relax político antes de que se inicie la carrera para las elecciones europeas, municipales y autonómicas. Será un año sin elecciones y de… ¿tranquilidad en los partidos políticos?

No habrá ni citas electorales ni congresos internos en ninguna formación. El año que ha acabado ha estado marcado por los congresos que han realizado todos los partidos políticos, excepto el PNV que lo hizo en 2016.  De todas formas, debemos prepararnos para un inestable 2018, toda vez que a Mariano Rajoy su asombrosa inteligencia política le dicta que “inestabilidad” es todo aquello que a él no le conviene y puede que, en algún sentido, tenga razón.

El panorama nacional está complicado sobre todo con el tema de los independentistas catalanes que, aunque no es muy probable que vuelvan a las andadas por el miedo a la cárcel o a otros asuntos, evidencian la fractura social. Quedan por resolver asuntos de gobernabilidad y es muy probable, en el trascurso del proceso negociador, que se imponga el modelo de la doble barandilla (ingredientes separatistas y no separatistas) como remedio a una Cataluña partida en dos.

El tema de la reforma de la Constitución es un debate confuso, en lo cual, el PSOE pide una comisión parlamentaria con la pretensión de que en sus trabajos germine una reforma constitucional, aunque PP y Podemos son muy reticentes a una reforma no guionizada previamente.

Ciudadanos se ha convertido en la primera fuerza política en Cataluña, pero, como se diría en la jerga nacionalista catalana, esto no va de matemáticas sino de política.

En cuanto a Podemos, hoy por hoy, aparece hundido en las encuestas, pero es bien cierto que, desde su postura y si es necesario, se pondrá de acuerdo con el PP para tumbar la investidura de Pedro Sánchez, como pasó en el 2016. Podemos es de los que circulan en dirección contraria, creyendo que los demás están equivocados. Lo peor en el oficio de la política, se llama arrogancia y es así como lo llamó su propio partido en un informe interno hace más de dos años. Desde entonces, su historial ha sido una secuencia de errores encadenados, dentro y fuera del partido

Junqueras, Oriol
Lo mismo que Puigdemot, pero sin alfombras voladoras, el líder de ERC tiene su futuro político hipotecado en el Tribunal Supremo. Y es consciente del fracaso del ‘procès’ ante un Estado español más sólido de lo previsto.

Este jueves puede abandonar la cárcel de Estremera si la sala de apelaciones asume su renuncia como guionista del plan sedicioso. Le bastaría el imperativo legal como pretexto de su intención de respetar la Constitución. Es lo más probable.

Puigdemont, Carles
Está a la vista la resultante de una sobredosis de nacionalismo catalán disuelta en el odre narcisista de este absurdo personaje.

Un juguete roto del año 2018. Lo tiene crudo. Cuando descubra que los jueces no creen en el poder redentor de los votos y que, a la hora de la verdad, la causa siempre estará por encima de la persona, tendrá que elegir entre la cárcel y el autodestierro. En ambos casos nadie le impedirá seguir declamando “la victoria de la república catalana” y “la derrota de la Monarquía del 155”.

Rajoy, Mariano
El otro día anunció su intención de agotar la Legislatura. Es decir, hasta 2020, cuando toca. Y nadie se lo ha creído. El marianismo consiste en atenerse al archidemostrado principio de que en política el paso del tiempo es una caja de sorpresas y éstas siempre han jugado a favor de Rajoy.

Por tanto, no conviene apresurarse a elevar a definitivas las conclusiones colgadas de la teórica debilidad de un Gobierno en minoría que se apoya en un PP doblemente acosado: por la corrupción y por un competidor político que es cuña de la misma madera (Ciudadanos).

En Andalucía, el portavoz de la Ejecutiva Provincial del PSOE de Huelva, Manuel Domínguez, ha pedido este lunes al Gobierno central que trabaje para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2018, y cree que la situación de Cataluña «no puede ser una excusa para hacer los deberes».

¡Feliz año nuevo!